Educación para la equidad. Contribución a las sociedades libres de violencia contra las mujeres

Lina García Sierra
PhD (c) Derecho, M.A Estudios Culturales

La violencia contra las mujeres es una realidad a la que no escapa ninguna mujer en Colombia, mucho menos en Bogotá, una ciudad que por sus características urbanas y económicas crea dinámicas de aislamiento entre los sujetos, de tal forma que cada vez es más difícil la configuración de acciones colectivas, comunitarias, comunales que creen redes de apoyo entre las personas.

Una de las particularidades de las violencias contra la mujer, manifestada en cualquiera de los 5 tipos que contempla la ley 1257 de 2008 como son: física, psicológica, sexual, patrimonial o económica, es el sentimiento de culpa y vergüenza que sienten las víctimas, pues el acto hostil o ataque específico está acompañado del señalamiento de la mujer como de menor valor social, familiar o profesional; del aislamiento de la víctima de su núcleo familiar o de amistades; del control sobre sus acciones rutinarias y por supuesto de la creación del imaginario de que la reacción violenta se causa por una acción “indebida” de la mujer.

Bogotá como urbe metropolitana en donde la propiedad horizontal se apropia con rapidez de las zonas residenciales, se convierte en un escenario, como la mayoría de las ciudades capitales del mundo, que promueve las formas de vida individuales y resistentes a organizaciones colectivas en los lugares de vivienda.

Así las mujeres en las grandes urbes son más proclives a que las violencias que sufren se mantengan en privado dificultando los procesos judiciales, pues a la hora de evidenciar los antecedentes violentos en una denuncia penal, no cuentan con testigos o pruebas técnicas que soporten sus alegatos.

La educación con equidad y la coeducación son estrategias que se plantean académicas y pedagogas como Subirat & Tomé en España o Rita Laura Segato en Latinoamérica, con el fin de reconstruir las dinámicas comunitarias y fortalecer las redes de apoyo entre mujeres.

La educación con equidad parte de la propuesta de identificar las problemáticas que afrontan las mujeres en el día a día, desde la experiencia de diversas voces que narran sus vivencias, así como las causas y consecuencias que perciben de las violencias contra ellas.

La multiplicidad de voces es fundamental para conocer las distintas formas en que se manifiestan las violencias, a la vez que coadyuva a que las mujeres encuentren en las historias de otras un espejo que cuenta sus propias historias, ayuda entonces a perder la vergüenza por lo sucedido y entender que no hay lugar al sentimiento de culpabilidad pues su caso no es el único.

La educación con equidad y los procesos de coeducación, buscan proponer estrategias desde la colectividad para transformar escenarios en donde se reproducen los estereotipos dañinos contra la mujer, como son el imaginario de propiedad que se atribuye al hombre sobre el cuerpo femenino o el disciplinamiento del cuerpo de la mujer para que luzca según los ideales de los medios de comunicación.

Pensarse una Bogotá que promueva escenarios educativos que contribuyan a la transformación de estos valores simbólicos negativos contra las mujeres, que rompa las barreras de las esferas individuales aisladas y logre la inmersión en procesos comunitarios, y que escuche las voces de las mujeres (el 52% de la población) como insumo necesario e indispensable para la construcción de políticas tanto educativas como de cualquier otra de gobierno, conllevará a la disminución de las violencias contra la mujer, pues habrán más elementos para identificar las violencias, mejores herramientas para iniciar rutas de atención y principalmente contribuirá a la construcción de subjetividades que no violenten al sexo opuesto.