Las mujeres de hoy

La última generación vivió una revolución silenciosa que aún no termina, la revolución de las mujeres saliendo de su casa e incorporándose a la vida laboral.

Nuestras mamás eran sólo amas de casa y tenían familias muy numerosas. Yo mismo soy uno de los 7 hijos de mi mamá, que dedicó su vida a las tareas del hogar, siendo desde el punto de vista económico, totalmente dependiente de mi papá, que era quien llevaba los ingresos a la casa.

La situación de hoy es distinta. Cada vez más mujeres estudian y trabajan, consiguiendo sus propios ingresos y volviéndose cada vez más autónomas. Eso ha disminuido la dependencia y la desigualdad con sus parejas masculinas. Pero esa revolución no ha terminado. Son varias las tareas que hacen falta.

Primero, el desempleo femenino sigue siendo mayor que el masculino. Las cifras de mayo de 2018 en Colombia indican que el desempleo de los hombres fue de 8.8%, mientras el de las mujeres era de 14,8%, una diferencia significativamente alta.

Bogotá es la mejor ciudad del país para las mujeres en materia laboral pues, sin que la situación sea ideal, poco a poco se ha venido cerrando la brecha de desempleo entre hombres y mujeres. Hoy la tasa de desempleo para las mujeres es de 11,9% y la de los hombres es de 9,5%.

Entre las cosas positivas a resaltar en Bogotá está por ejemplo, que es más fácil conseguir trabajo si eres mujer que hombre con pregrado o postgrado, y hay sectores como el financiero, que generalmene ofrecen condiciones de trabajo decente, en donde trabajan 64 mil mujeres, 10 mil más que la cantidad de hombres.

Segundo, el nivel salarial es otra diferencia. En el caso de las asalariadas en el país, aunque las mujeres tienen mas años de educación que los hombres, el promedio del salario femenino sigue siendo inferior al masculino. Esa brecha se ha reducido a la mitad en los últimos 20 años. Era un 14.7% y en dos décadas se convirtió en el 7.05% de hoy, diferencia que se sigue considerando bastante alta.

Esa diferencia de ingresos la explica en parte el que las mujeres prefieren oficios más flexibles y con menos horas de trabajo diario, porque asumen una doble jornada. Tienen la actividad que les genera ingresos, pero además deben seguir realizando las tareas domésticas. Debemos avanzar en lograr que hombres y mujeres, por igual, asuman esas responsabilidades hogareñas. Necesitamos ver más hombres lavando ropa, planchando, barriendo y trapeando o preparando el desayuno y la cena de la familia.

La encuesta Bogotá Como Vamos muestra una brecha creciente de inconformidad con la ciudad entre hombres y mujeres. En 2018 los hombres que opinaron que la ciudad está mejorando fue el 39% mientras las mujeres fueron el 29%, lo que muestra claramente a las mujeres más inconformes que los hombres, tal vez eso tiene relación con la mayor dificultad de movilidad en la ciudad que entorpece esa doble jornada femenina.

Tercero, el otro problema complejo que debe superarse es más universal, es el uso de la violencia contra las mujeres. El más grave de los efectos es la muerte violenta de mujeres. Las cifras han estado disminuyendo en los últimos años en el país. En 2012 hubo 352 muertes sumando las primeras 5 ciudades del país, mientras en 2016 esa cifra disminuyó a 304. La mayor disminución relativa se produjo en Bogotá, donde en esos 5 años se produjeron 23% menos asesinatos de mujeres y siguen bajando.

Lo que si ha aumentado son otras formas de violencia contra las mujeres. Según datos de la Secretaría de la Mujer de Bogotá, en el primer semestre de 2018 ha crecido la violencia intrafamiliar e interpersonal contra las mujeres en la ciudad con referencia al primer semestre de 2017.

En la intrafamiliar, lo que más ha crecido es la violencia de pareja, que pasó de 5.150 casos a 5.285 casos entre los dos semestres citados. Por otro lado, en hechos de violencia entre personas que no tienen parentesco, el aumento es aún mayor. En el mismo período, pasó de 4.041 casos de agresión a mujeres en 2017 a 4.592 casos en 2018.

Definitivamente, la desaparición de esa violencia casera o callejera contra las mujeres debe ser una prioridad de las políticas públicas. La silenciosa revolución femenina de los últimos 35 años tiene retos muy importantes, uno clave es la eliminación de la violencia contra las mujeres y el otro, que los hombres debemos entender que la igualdad dentro de la diferencia tiene como componente esencial el respeto total a nuestras medias naranjas.

Antonio Navarro Wolff