Termovalorización sí, más relleno sanitario no

Hace un par de días, el alcalde Peñalosa anunció que el relleno sanitario de Doña Juana se prorrogaría por 37 años. Esto como mecanismo de disposición final para los residuos sólidos de Bogotá. No estoy de acuerdo con esa decisión.

En las grandes ciudades del mundo, se usan diversos mecanismos de manejo de los residuos sólidos urbanos. Una política de “Basura Cero” es la línea central, pues pone el énfasis en la separación en la fuente y el reciclaje. Busca reusar tantos residuos urbanos como sea posible. En ello hay que insistir, haciendo educación ciudadana permanente en las instituciones educativas, en los barrios, entre los ciudadanos.

En Bogotá, ese material separado debe ser entregado a los recicladores para alivianar su trabajo. El cual es hoy durísimo y con una remuneración, francamente, insuficiente.

Pero en todas las ciudades grandes del mundo hay necesidad de un sistema de disposición final. Es imposible reciclar miles de toneladas diarias de residuos. Los tres métodos más usados son el relleno sanitario, la producción de abono orgánico (compost) y la termovalorización.

Del primero ya sabemos lo suficiente. Cerca de zonas pobladas es un sistema totalmente inapropiado.

Se habla mucho de la posibilidad de producir abonos con los residuos de tipo orgánico. Efectivamente, puede hacerse; pero hay varios problemas.

Por un lado, su procesamiento requiere espacios grandes, separación de residuos indeseables y tiempos que pueden ser prolongados. Y si se quieren conseguir resultados que no alteren las áreas cercanas, deben procesarse en condiciones aerobias a través de un proceso de inyección de aire a los depósitos de residuos. De lo contrario los malos olores serán una dificultad.

Por otro lado, los abonos producidos son difíciles de usar. En Ciudad de México, una solución de este tipo ha producido montañas de compost que se regalan a quien quiera llevarlo y nadie lo hace. Cada día se acumulan más. La calidad del abono producido no es atractiva para uso agrícola ni siquiera regalado. En resumen, la idea suena interesante, aunque para una ciudad grande no es la solución.

Queda la termovalorización. Entendida como el uso de los residuos para producir energía eléctrica mediante combustión controlada es el sistema más universal en las grandes ciudades de los países más ricos del planeta. Hoy, existen mecanismos de control de emisiones muy evolucionados, que cumplen con las normas existentes para mitigar el calentamiento global.

De todas las organizaciones ambientales, solo Green Peace se sigue oponiendo a ella. Sin embargo, hasta donde sé, no propone una solución alternativa. De todos modos, una planta de termovalorización – con un buen sistema de control – emite muchos menos gases que el actual relleno sanitario de Doña Juana.

El cierre financiero de una solución de este tipo es más fácil con la venta de la energía eléctrica producida a precio de consumidor final. Recuerden que el precio del kilovatio/hora de electricidad se compone de la suma de generación, transmisión, distribución y comercialización. Cadena donde la generación es solo 1/3 del precio final.

Por eso lo que debe lograrse es que la energía se venda al usuario final en la misma ciudad de Bogotá, para que no haya necesidad de alterar para nada la tarifa de aseo o subsidiarla con fondos públicos.

Demos el paso. Empecemos el cierre del relleno de Doña Juana construyendo plantas de termovalorización, estamos en mora de hacerlo

Antonio Navarro Wolff